Acoso entre niños
Acoso entre niños
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Acoso entre niños

Los padres se preguntan si su propio hijo podría ser víctima o perpetrador: el acoso laboral y escolar es un tema cada vez más extendido en los medios de comunicación. Entre los jóvenes, internet alberga un enorme potencial de acoso.

Redacción Bebitus
de Redacción Bebitus
Mar, 21/08/2018 - 11:10 Fri, 03/27/2020 - 10:15

El trato brusco entre los niños

El término mobbing (del inglés mob, que significa «muchedumbre incontrolada» o «populacho») tiene su origen en la investigación del comportamiento y se utiliza de forma general desde la década de 1990 para describir ciertas situaciones de conflicto. Una situación de mobbing, o acoso, se da cuando una persona es molestada o martirizada por otros regularmente durante un periodo de tiempo prolongado.

Esto puede dejar marcas psicológicas profundas en la víctima. Según un estudio estadounidense, las situaciones de acoso ya son relevantes para los niños más pequeños: un equipo de investigación de la Universidad de Wichita acompañó a 266 niños desde el parvulario hasta terminar el primer año de educación primaria.

Con vistas a una infancia despreocupada, el resultado fue muy desilusionador. Todos los niños estuvieron expuestos a los ataques físicos o verbales de sus compañeros. A medida que avanzaba la edad, los acosos frecuentes se centraban en un grupo de víctimas cada vez más pequeño, mientras que otros niños podían defenderse de los ataques de sus coetáneos.

El acoso implica una violencia sistemática

La psicóloga comportamental suiza Françoise Alsaker describe el acoso en el parvulario como una forma específica de violencia en la que un niño es lastimado física o psicológicamente por otros niños de forma regular y sistemática, directa o indirectamente.

La víctima se siente indefensa y constantemente denigrada y, en el peor de los casos, tiene problemas para desarrollar una autoestima saludable, incluso años más tarde. Hay muchas «técnicas de acoso» entre los niños: amenazar, empujar y pegar son formas de acoso, pero también reírse de alguien, ignorarlo o quitarle sus cosas, así como acusarlo falsamente y extorsionarlo.

Lo que es crucial es que siempre hay varios perpetradores que atacan a la misma víctima. Si Juan pega a Lucas o Laura ya no quiere jugar con Ana, se trata de conflictos y, en el caso de Juan, también de un acto de agresión, pero un caso de acoso surgiría si Juan y Laura atacaran a sus adversarios regularmente con aliados.

Los niños más pequeños no actúan sistemáticamente, sino según la situación

Los pedagogos afirman que las agresiones y los conflictos en el parvulario no suelen ser una expresión explícita de un suceso de acoso. Esto requiere una actuación sistemática a largo plazo, pero los niños de tres a seis años se comportan en función de la situación.

No obstante, puede que ya haya algunos rasgos fundamentales del acoso en sus interacciones: algunos niños son dominantes y otros los admiran como «jefes de la pandilla» y los siguen encantados. Y, de nuevo, otros niños no se defienden de ataques bruscos.

Cuando un niño descubre que puede conseguir lo que quiere con extorsión emocional («pues ya no eres mi mejor amigo») o con violencia, aprende a ganar poder con ello y que vale la pena ejercer este poder. Después de todo, a los niños no les faltan ejemplos de esto en el mundo de los adultos. A medida que la edad avanza se hace más probable que algunos niños empiecen a acosar activamente.

Signos de situaciones de conflicto o acoso

Los signos siguientes probablemente indican que tu hijo se está enfrentando a una situación grave de conflicto o acoso en el parvulario o en la escuela:

  • Ya no quiere ir al parvulario o a la escuela.
  • Evita el contacto con niños de su edad y casi siempre juega solo.
  • Antes de ir a dormir se queja de dolor de vientre o cabeza.
  • Tiene pesadillas, sufre trastornos del sueño o ha perdido el apetito.
  • Parece temeroso y deprimido.
  • Se desprecia a sí mismo cuando se expresa.
  • Tiene heridas y morados con frecuencia.
  • Sus cosas suelen estar rotas o perdidas.

Naturalmente, estas situaciones no tienen por qué significar necesariamente que esté sufriendo acoso. A lo mejor tu hijo se siente mal por razones totalmente distintas. Sea como sea, debes tomarte sus preocupaciones en serio y tener paciencia si no quiere hablar del tema enseguida.

Muchos niños le echan la culpa primero a sus necesidades, vengan de donde vengan. Es aconsejable que hables con el profesor de tu hijo lo antes posible para que pueda intervenir a tiempo en caso de que haya problemas.

Todos los niños de la clase se incluyen en la solución

Los educadores primero observan el temor al acoso e intervienen cuando ciertos niños siempre dominan y se convierten en pequeños cabecillas, mientras que otros se someten, son aislados o se aíslan a sí mismos, o bien tienen otros problemas en la clase.

Para encontrar una solución, se incluye a todos los niños para establecer unas normas de comportamiento. Se fomentan los puntos fuertes de los niños «más débiles» para aumentar su autoestima. Además, hay niños que primero deben aprender que tienen derecho a decir «no» y que se pueden distanciar de otros niños.

Los niños tienen problemas con esto sobre todo cuando sus padres practican un estilo educativo autoritario o ignoran lo que sus hijos les dicen.

El equilibrio entre la seguridad, la autonomía y los límites fortalece a los niños

En este sentido, hay un estudio británico muy interesante que investiga hasta qué punto el estilo educativo de los padres puede favorecer o evitar el acoso. Para el estudio se evaluaron datos de más de 200 000 niños de investigaciones anteriores.

El resultado fue que los niños con padres muy protectores o estrictos presentaban un riesgo mayor de convertirse en víctimas de acoso en algún momento. También recibir mucho feedback negativo o estar una posición inferior permanente respecto a los propios hermanos tenía este efecto.

Por el contrario, los niños cuyos padres establecían límites claros, pero cuya educación estaba caracterizada por el calor emocional y la seguridad presentaban el riesgo de acoso más bajo. Al mismo tiempo, estos padres permitían a sus hijos recopilar experiencias propias al disputarse conflictos sin intervenir inmediatamente. De esta manera, los niños podían elaborar estrategias de comportamiento en disputas y desarrollar su seguridad en sí mismos.

¡Socorro, mi hijo es un acosador!

Puede que en algún momento también te enfrentes al hecho de que tu propio hijo acosa a otros niños. También en este caso has de procurar buscar el diálogo con él e intentar descubrir cuáles son sus preocupaciones. ¿A lo mejor le falta reconocimiento? ¿Puede que no encuentre en el parvulario o en la escuela un escape para sus puntos fuertes y su energía?

Si valoras sus habilidades y las reconduces por vías creativas, puede que el problema se resuelva enseguida. Si a tu hijo le gusta el deporte, hay deportes de equipo que le irán muy bien, ya que aprenderá a comprometerse con el equipo y tendrá espacio para dar rienda suelta a sus habilidades.

También es posible que tu hijo acose porque tiene miedo de perder a sus amigos si no lo hace, por lo que puede que tenga problemas de autoestima. En este caso, analiza también tu manera de educarlo: ¿tu hijo puede aprender de ti a abordar los conflictos y a expresar sus deseos y necesidades?

Para solucionar el problema, incluye también el parvulario o la escuela. Por último, insiste en que tu hijo debe hacerse responsable de sus propios actos. Cuando esté preparado para disculparse por su comportamiento, habrá entendido lo que es el acoso.

Conclusión
El acoso es, también entre los niños, una forma de violencia física y psicológica sistemática que puede dejar secuelas mentales profundas.
En el caso de los niños en edad de parvulario es poco probable que se trate de verdaderas situaciones de acoso cuando se dan conflictos agresivos, aunque es posible que ya existan formas elementales de acoso.
Si sospechas que a tu hijo lo están acosando, habla con la escuela lo antes posible. Las intervenciones pedagógicas están dirigidas a toda la clase y tienen como objetivo calmar la situación, incentivar a los niños «más débiles» y establecer reglas de comportamiento para todos los niños.
Dale espacio a tu hijo para desarrollar su autoconciencia y su capacidad de resolución de conflictos. Lo ideal es practicar un estilo educativo que transmita confianza y seguridad, pero que también establezca límites claros.