Poner límites al niño: protegerle de los peligros
Poner límites al niño: protegerle de los peligros
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Revisado por terapeutas

Poner límites al niño: protegerle de los peligros

Poner límites a los niños. ¿Tienen que ser muy estrictos los padres? Para los más pequeños, el mundo es toda una aventura llena de cosas para descubrir. Todavía no saben reconocer los peligros ni son conscientes si le hacen daño a alguien. Es preciso pues que conozcan, también de cara al futuro, que existen reglas.

Nicole Ulrich
de Nicole Ulrich
Terapeuta infantil
Mar, 21/08/2018 - 10:56 Thu, 07/25/2019 - 14:42

¿A partir de cuando hay que poner los límites?

Durante los primeros meses de vida, un bebé todavía es un ser indefenso, pero se va desarrollando y tarda poco en empezar a descubrir activamente el entorno. Coge todo lo que tiene a mano y se lo mete en la boca.

Lo ideal es que no haya nada a su alcance que le pueda lesionar. Pero si alguna vez no se puede evitar y el niño se lesiona, tienes que intervenir.

Tan pronto como tu hijo es capaz de moverse independientemente y su radio de acción aumenta, es el momento de comenzar a establecer límites. Cuanto más ágil es el niño, más situaciones se producen. Como muy tarde cuando empieza a andar, existe la posibilidad de que corra por una carretera muy transitada.

Sin embargo, no sólo se trata de proteger a tu hijo del peligro, sino también de enseñarle que no siempre puede hacer lo que se le mete en la cabeza, por ejemplo, en su relación con otros niños: no debe quitarles los juguetes ni, por ejemplo, golpearlos con una pala.

Seguro que tampoco quieres que se salga siempre con la suya, ni en casa ni en ningún otro sitio. A los niños de tres años ya empiezan a ocurrírseles muchas cosas, así que es necesario ser un tanto estrictos.

¿Qué significa ser estricto?

Ser estricto sólo significa establecer reglas y hacerlas cumplir de manera coherente. Naturalmente, estas normas también incluyen espacios de libertad. Si su hijo trata bien a los otros niños en el parque, entonces se lo pasarán bomba.

Si le hace daño a otro niño, está incumpliendo una norma y eso tiene consecuencias.

Una rutina diaria estructurada ayuda a cumplir las normas. Se come a determinadas horas, se duerme a las horas establecidas.

Antes tal vez haya que ordenar los juguetes, después se lee un cuento. Si tu hijo no quiere ordenar o tarda demasiado, no hay cuento.

Entre límites y espacios de libertad

Al ponerle límites a tu hijo descubre lo que se espera de él. Le da seguridad. Los límites son igual de importantes en el desarrollo como los espacios de libertad.

Tiene que desarrollar habilidades sociales en el trato con otras personas, aprender a evaluar situaciones peligrosas y practicar el sentido del deber.

Todos estos procesos de aprendizaje son necesarios, demasiadas restricciones son por consiguiente contraproducentes: necesita los espacios de libertad para experimentar y detectar sus propias habilidades.

Los niños descubren el mundo y también se descubren a sí mismos. De esta manera aprenden por un lado a diferenciarse, por otro a interactuar. Un niño al que apenas se le permite hacer nada se le priva de esa posibilidad, lo que resulta perjudicial para su autopercepción y su autoestima.

Si se les impone demasiadas prohibiciones, no se sienten aceptados. Pierden el vínculo hacia otros niños, que corretean y juegan felizmente.

Por lo tanto, los límites deberían estar relacionados con las necesidades y ayudar a orientarse, pero no deberían obstaculizar el desarrollo.

Qué hacer en caso de incumplimiento

Los niños de uno a dos años todavía no entienden por qué no se les permite hacer algo. Se dejan guiar por sus sentidos y emociones. Sin embargo, rápidamente aprenden lo que significa un claro "no".

Basta con que le quites un artículo prohibido acompañado de un «no» y les ofrezcas una alternativa.

A los tres años, los niños son mucho más receptivos, pero también más independientes. A veces les dan ataques de rabia. Esto puede hacerte perder los nervios.

Normalmente, si le riñes alzando la voz lo único que consigues es empeorar la situación. Lo mejor es sacarlo de la situación y esperar a que se tranquilice. A continuación, le puedes explicar por qué se ha portado mal.

Edad de guardería y escolar

Ya en la guardería el niño tiene que empezar a encontrar por su cuenta su camino. Tiene que aprender a hacerse respetar y a aceptar a los otros niños. Esto será más fácil si ya conoce límites.

Cuando empieza en el cole se espera mucho más de él. Tiene que respetar los horarios de clase, se tiene que concentrar y hacer deberes.

Si ha aprendido a tiempo a cumplir las reglas sin verse limitado en su desarrollo, todo esto le resultará más fácil.

Conclusión: el desarrollo de los niños es más favorable si se les ponen reglas coherentes
Les protegen de los peligros
Ofrecen orientación
Les dan un margen de seguridad
Les muestran cuál es el comportamiento deseado
Sirven para llevar una rutina diaria estructurada
Revisado por terapeutas

Este artículo ha sido revisado por nuestro equipo de expertos.

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